miércoles, 16 de febrero de 2011
El juego de la pestaña
martes, 9 de junio de 2009
Cuento: Hábitat
en algunas ocasiones. Digo loco por decirlo de alguna manera. De hecho esto de pensar que más de una persona habita mi mente, o más de una conciencia, alguien además de uno, realmente da para pensar que estoy loco, osea clínicamente. Cómo reaccionaría un siquiatra si le cuento de mis múltiples diálogos con los demás habitantes de mi cerebro. Sería pensar que tengo algún desorden serio, y es que en el más estricto sentido de la palabra si se trata de un desorden. Como digo a veces hay silencio, pero cuando empiezan a despertarse hay un desorden gigante. Cada quien tiene su opinión y todos quieren ser escuchados. El problema se pues cuando habla más de uno a la vez se crea un bullicio, una especie de dolor de cabeza pero no físico, como un ventilador sonando dentro de la cabeza, un tumulto, una turba enardecida que clama por sus derechos. Antes eran menos y era soportable. Hasta civilizada se volvió la rutina. Cada uno tomaba un turno y expesaba lo que quería. Luego los otros refutábamos (no puedo excluirme pues he participado en más de una tertulia). Cuando alguien salía con alguna idea muy buena o una historia que cautivaba era extraño. Era como si quisiera retirarse con la gloria del asombro que sus palabras causaron en los demás. No se volvía a saber de él. Pero al desaparecer el erudito aparecían dos más, ahí la cosa se empezó a volver insostenible. Unos cantaban, otros gritaban, comentaban, tarareaban, silbaban. Empezaron a armas grupos de conversación, como un almorzadero a la una de la tarde, todos conversando y levantando la voz para no perder el hilo de su relato. Los silencios se volvieron más cortos, bastaba con que uno hable para que empiece de nuevo la reacción en cadena hasta que alguien decía algo muy bueno y a veces ya no aparecía nadie en vez de él. Hay que aceptar que en ocasiones también resulta divertido, pero es muy agotador andar con toda esa gente acompañándolo a uno a todo lado, por lo que fue necesario desarrollar un plan. Conspirar en su contra. Empecé a crear grupos a mi antojo y los hacía hablar y hablar, al inicio eso acrecentó la cantidad de bulla pero luego empezó a acelerar el proceso de desaparición, se fueron creando más momentos de silencio. Atónitos quedábamos ante lo dicho, o en su defecto llorábamos o reíamos, pero éramos uno solo en ese momento. Yo hasta pensaba que sí era una invención mía todo esto. Así fui exterminándolos, eliminándolos de a poco. Algunos empezaron a caer en cuenta de lo que sucedía y me decían que era un genocida por hacer lo hacía, y no faltó quien me tachara de suicida. El plan marchaba a la perfección hasta que ¡paf! empecé a extrañarlos, me dio pena no tener un registro de la frase ganadora que los hacía desaparecer. Ahora son mucho menos. El ruido se vuelve casi imperceptible pero aún están. Tengo muchos personajes habitando en mi cabeza, pero ya no tantos como antes. A veces los ignoro, no los escucho para que no desaparezcan. Si has vivido con el ruido de una turba enardecida en la cabeza por algún tiempo, el silencio que era tan tentador puede tomar un aire gélido. El frío de la soledad. El frío de ser uno y no ser nadie más. Por eso mejor cuento esto para dejar constancia de la existencia de los personajes, para no olvidarlos. Hace unos días me entró pánico cuando por poco fui yo quien los dejó perplejos a todos. Me pregunto qué pasaría si hubiera logrado ese coro de silencio que antecede a la desaparición de un habitante. ¿Hubiera desaparecido yo? ¿Entonces qué hubiera pasado? ¿Sin mí podrían vivir? ¿Uno de ellos hubiera tomado el mando del cuerpo que nos acoge? Pero entonces quién me garantiza que yo soy el dueño del cuerpo. ¿No será que soy uno más que apareció luego de la desaparición de otro? Y si es así entonces, ¡Soy solo un habitante más!El cuerpo se desvanece. Silencio.
Imagen tomada de acá
jueves, 13 de noviembre de 2008
Cuento: La Feria de la Felicidad
Imagen tomada de Flickr
martes, 11 de noviembre de 2008
Cuento: Jornada
Quisiera recordar el momento de nuestro encuentro en la octava duna del desierto, la cara que pusiste al preguntar cómo aguanté subir hasta tu cielo, tu paraíso arenosoy más me gustaría recrear tu semblante cuando te enteraste que yo estaba ahí sólo porque me lo habías pedido como quien pide otra porción de comida o que la sociedad se vuelva más justa. Me gustaría contar cómo después de entrelazar los dedos y fijar las miradas paseamos en círculos alrededor de nuestras desventuras, aventurándonos a morder el polvo en el torbellino y cómo ya sin fuerza para otra derrota nos levantamos mutuamente y nos impulsamos para salir del pozo. Me hubiera gustado que todo el mundo se detenga junto a nosotros en el oasis y que vean las estatuas de barro del bar, mientras nosotros ahogábamos la sed y alimentábamos el espíritu mirándonos las pupilas un poco dilatadas por el trajín cotidiano y el agua consolaba a los paladares que luego compartían su experiencia labio a labio. Me gustaría que nuestras manos no se separen, que las líneas se mezclen y señalen el camino, después de todo resulta imposible continuar el trabajo sin ti. Me hubiera gustado visitar tantos otros lugares en esa jornada, lastimosa e involutariamente volví a la realidad, no había rastros de polvo ni fatiga ni siquiera hubo un ritual majestuoso de despedida simplemente tomamos el camino que nos lleva a cada parte y me dejaste solo con una lágrima escurridiza que me muero de ganas de recrear pero no lo haré ya que me hubiera gustado que no apareciese o que tú existieras para que tu perfecto pulgar la acoja y la absorba, hubieras logrado que las demás no se precipiten, hubieras detenido la salada lluvia que inundó mi rostro.
jueves, 2 de octubre de 2008
Juego (Parte final)
Prosigo – Te elegí por una corazonada para que seas la víctima, tu cara tenía la señal, esa forma de ver, de sonreír. Estabas en una de esas páginas de Internet en las que la gente carga sus fotos, su descripción, sus pensamientos, su vida. A través de ella pude conocer muchos datos tuyos.. tu correo electrónico, hasta el número de tu celular. Me parecía increíble y hasta tentadora tu inocencia, tu confianza en el género humano. Un poco para quebrantártela fue que te elegí... El resto de la historia ya la conoces. – Permaneces silente. Quisiera saber qué estás pensando – por favor – dices – déjame salir de aquí te juro que no tomaré represalias, sólo déjame libre – tu voz empieza a quebrarse, una suerte de encanto morboso se despierta en mí – por favor ni siquiera he visto tu cara, no sé en verdad quién eres, a qué te dedicas, no podría acusarte, sólo déjame libre – En eso tienes razón digamos que todavía no he llegado al punto de no retorno.. podría por ende salir ahora mismo.. tomar un baño .. incluso podría ir a trabajar ante la sorpresa de mis compañeros y jefes que sabían que no iba a ir este día.. podría olvidarlo todo... podría seguir navegando por la red mientras simulo que trabajo. Podría... pero hay algo que me detiene. Por las fotos que pude ver sé que hoy por hoy vives sola y que no sería nada raro para la gente que te conoce que desaparezcas un día de la semana pues pudiste irte de juerga. Al parecer no eres una persona importante para nadie, quizás por eso se te hace más extraño que alguien te haya secuestrado, nadie debe estar buscándote. De hecho tu teléfono al que tantas veces llamé con las grabaciones y mensajes intimidantes no ha sonado desde que lo tengo en mi bolsillo... ni siquiera un mensaje. El sol sigue entrando en picada por la ventana de la casita abandonada y se filtra también por la hendiduras del techo y de ciertos tramos de pared que tienen pequeños agujeros, la casa toma un tinte rojizo en su interior... El sol cae vertiginoso sobre el arma. La santifica. La recarga. Todavía no he querido tocarla. Sé que por más sol que tome seguirá estando fría. Debe estar siempre fría para que pueda hacer la descarga con toda la fuerza y la concentración del caso... un arma no se puede dar el lujo de dudar. La miro y te miro a ti de forma intercalada... haciendo un movimiento que me recuerda a la gente cuando mira un partido de tenis. Es una situación casi risible. Mientras tus ruegos hacen eco en mis oídos camino ceremonialmente hasta el arma... la tomo ... te apunto.. me apunto... te vuelvo a apuntar... me acerco. Lloras. Esto no puede seguir. Disparo a la ventana como quien busca revancha contra el sol que a fin de cuentas no me alumbró como esperaba. El estruendo te estremece y estallas también. Gritas. Por un momento has perdido toda tu vida... has regresado al tiempo en el que eras una niña. El sacudón te bota al suelo. Mis aficionados movimientos me hacen apuntarte nuevamente con torpeza pero con cierta rapidez y entonces el momento fatídico. Me veo en el espejo, desalineado, ojeroso, armado. Estallo. Suelto un disparo más contra mi propia imagen y todo termina... por el sacudón empiezas a soltarte con desesperación. Corro. Escapo. Creo que para este momento ya debes haberte liberado. Debes estar viendo si logras encontrarme... mi carrera me abre paso entre la maleza y continúo sin parar. El arma viene conmigo como única cómplice. Tomo el auto al cual te subí luego de que te desmayaras y te tomara con los mismos brazos que te propinaron el golpe que provocó el desmayo. Y entonces nada... llegar a casa.. tomar el baño planeado... correr a la oficina a sorprender a todos. Nadie se lo imagina. Así como yo no me imagino desde ahora mi vida sin ti. Fue demasiado intenso. Dejaré pasar un poco de tiempo y tal vez intente ser tu amigo y tal vez algún día me tengas la confianza para contarme lo que te pasó hace poco tiempo cuando temiste que ese momento incomprensible sea el último de tu vida. Ya en el baño del edificio de oficinas tomo un poco de agua en mis manos .. me lavo la cara y miro las gotas que resbalan sobre mi piel y se deslizan curvilíneamente sobre la enorme sonrisa que todo esto ha pintado en mí.
viernes, 19 de septiembre de 2008
Juego (2a. Parte)
Fue muy repentino todo esto, demasiado. Si supieras que la carta que ahora tengo en pedazos en mis manos era la que escribí disculpándome.. la que según yo iba a darte personalmente para reconciliarme conmigo mismo. Quitarme un poco la culpa por lo que estaba haciendo. Ya no sirve de nada.. ahora cada retazo de carta lo estoy enviando a la basura .. a donde pertenece, pienso que estoy poniendo la basura en su lugar y por lo menos no soy un tipo tan malo.. es inevitable esbozar una sonrisa... prendo un fósforo y cada letra de disculpa se disuelve en el fuego. Todo se me torna bastante irreal en este punto. Es como si viera una película .. como si estuviera actuando. Será que todo el mundo se siente así cuando comete un verdadero crimen?. Es decir antes uno de mis crímenes más graves era haber robado de una papelería una bincha para una carpeta, y cosas por el estilo, no pagar un pasaje en el bus, cosas tan sencillas que aunque me hacían sentir culpable terminaba haciendo. Y eso fue lo que hice hoy con cada acción del día …. Sentirme culpable. Creo que no tengo el perfil de un verdadero criminal .. debería ser más inescrupuloso. En este punto se me ocurre una idea que sería por demás adorable. Me veo a mí en este mismo instante haciendo lo mismo que estoy haciendo sintiéndome igual de mal por lo que hago, y de repente despierto en mi cama .. una cama cómoda y grande, lujosa, ubicada estratégicamente en la mitad de una habitación no menos lujosa.. despierto sudando dando gracias a Dios porque no era realidad lo que estaba pasando. Me siento en el borde de la cama frotando mis ojos con vehemencia como para recuperar mas rápido la conciencia y entonces siento la suave y hasta tímida caricia en la espalda… una mano delicada y adormecida que recorre de abajo hacia arriba mi torso y que al llegar al hombro se precipita hacia el pecho llevando consigo el brazo que ahora me rodea en un abrazo gentil.. eres tú quien me abraza y me preguntas – otra pesadilla? – y yo diría algo así como – si … es bueno despertar de estas pesadillas y verte a ti, mi sueno hecho realidad – frase que causaría que me des un beso y me digas – y ahora qué soñaste? – y yo correspondiendo al beso con otro te diría – digamos que una vez más fuiste parte de uno de mis juegos – acostumbrada ya como estarías a la trama de mis sueños malos y buenos. Seria un final ideal … demasiado bueno para ser cierto…en este caso yo si despierto de ese bonito sueño y te veo aún ahí sentada …nada ha cambiado.
martes, 9 de septiembre de 2008
Juego (1a. parte)
Juego
lunes, 1 de septiembre de 2008
Semblanza de una fiesta no festejada
miércoles, 9 de julio de 2008
La crisis de los 20

Despertó apurado y aletargado como todos los días. Al parecer no recordó que ese día era especial. El problema como siempre son esos sueños que se tornan más bien en pesadillas, osea que empiezan lindos y luego al rato se tornan oscuros y hasta lacrimógenos. Más de una vez se había despertado sollozando con el recuerdo del sueño triste que lo atormentó mientras dormía y que luego de algunos minutos ya no recordaba, solo los bordes mojados y lagañosos de sus ojos quedaban como prueba de la pesadilla. Este no era el caso por hoy. Simplemente despertó y luego de un momento de tonteo (del verbo tontear) se levantó. Desayunó cualquier cosa que siempre es mejor que nada y se sintió bien consigo mismo pues por fin cumplió su promesa de levantarse y hacer un poco de ejercicio para guardar la línea, obvio como no es tan frecuente lo único que logra es guardar la línea curva pero bueno así mismo un poco de ejercicio es mejor que nada, pensó. En fin siguió sintiéndose mejor mientras trotaba en el propio terreno siguiendo las instrucciones de la chica de los aeróbicos de la tele, lo que en verdad lo hacía sentir bien, aparte claro de que la instructora era una obra maestra que hacía culto a la voluptuosidad de las formas, era que al fin iba a poder saldar esa deuda que hace tanto lo aquejaba. Tomó una ducha, y en parte sí fue así pues sin querer tomó un poco del agua caliente que bajaba directo a su cuerpo, refrescándolo, todo parecía una gran serie de eventos que lo hacían sentir excelentemente bien. Feliz, según pensó mientras secaba con la toalla los lugares más recónditos. Acto seguido vestirse, dientes limpios, tomar el dinero rápidamente y salir casi al trote, impulso de continuar con el ejercicio y mantener la línea y continuar con el ascenso del bienestar. Llegar a donde el prestamista que tiene un semblante bonachón, que cambia radicalmente si no se llega con el dinero, y decirle aquí tiene el dinero, por no decir toma tu plata y ya no me jodas más, y el hombre que cuenta con el semblante de quien tiene en las manos el fruto de su esfuerzo. Aquí una pausa. Enfocarse en la cara y ver como se interpola de bonachón a maldito en el último segundo. Falta. 20. Falta. Imposible!!!... pero si yo tenía todo. Inmisericorde. Falta. 20. Falta. Maldita sea. Piensa cómo incluso la felicidad más grande es tan débil ante la más pequeña adversidad. Entonces la crisis. Maldecir para sus adentros. Pedir disculpas sin mayor contenido y sin pretexto real. Pensar en dónde diablos quedaron los 20. 20. Solo 20. No hay otros 20. Habían los que ya no están. Y ahora dónde están. Qué hice. Por qué yo. Por qué he tomado las decisiones que he tomado hasta ahora. Mis amigos están mejor que yo. 20. Solo 20. Me estoy quedando. No tengo nada ni 20. Solo 20. No los tengo. 20. Todo se vuelve confuso. La calle, la gente. Todo le parece acusador. Se siente perdedor. 20. Solo por 20. Y el peso encima es más que 20. Más que antes. Más que todo. Se recuerda trotando en el propio terreno... ridículo. Se recuerda pensando... Feliz. 20. El cuerpo le pesa. Si tuviera 20 de nuevo tomaría otro rumbo en su vida y ahora 20 es lo que lo despedazó. Y cómo tomó tanta importancia. Desde cuando 20. 20 importante. 20. Solo 20. No los tengo. Qué he hecho. La lágrima que vibra. Le parece que es una pesadilla. Quisiera despertar entre sollozos, lágrimas y lagañas. 20. Entra al hogar. No puede más. Piensa en acabar con todo. En terminar con el suplicio. Si tan solo tuviera 20. Solo 20. No los tengo. Y entonces llega recorre todos los lugares recorridos como alma en pena que recoge sus pasos. Y llega al velador. Se queja con la lámpara y mira al suelo apesadumbrado y los ve. 20. Solo 20. Ahí están. Y todo cambia. Regresa. Paga. Rostro bonachón. Peso... cuál peso. Recuerda cómo caminaba todo tristón... ridículo. Solo 20. Piensa nuevamente... Feliz, se dice. Y un vacío lo envuelve sabe que pronto sufrirá otra crisis similar a la de los 20. Si tan solo tuviera 20. Ya no los tengo.
jueves, 12 de julio de 2007
Rayuela: Capítulo 7
7
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
jueves, 21 de junio de 2007
Abdón Ubidia
La Ciudad de Cristal
La pura verdad es que nadie me impuso esta tarea de escribir. Un tío me lo advirtió una vez: no sirve para ganarse la vida. Creo que eso fue lo que me decidió. Además no tenía, entonces, muchas puertas de salida. La realidad es que no tenía ninguna. Odiaba a los profesores. Odiaba lo que (luego de unos tediosos estudios que se llevarían mi juventud) supuestamente habría de ser mi profesión. Odiaba la simple idea de trabajar. Creo que las cosas que odiaba eran muchas más que las que amaba. No quería tener familia, ni hijos, ni tan solo una única mujer. Tampoco me atraían los viajes ni las drogas. Un día quise ser guerrillero pero no hubo guerrillas en el país. Debo haber sido un muchacho muy difícil. De tarde en tarde mis padres lloraban por mí. Yo también lloraba por mí de tarde en tarde. Entonces me inventé la salida. Una especie de destino ad hoc. Una religión personal . Un refugio para guarecerme. Nada más. No fue otra cosa. Escribir me aliviaba. No había angustia que la escritura no pudiese conjurar. Primero llevé un diario minucioso de mis avalares íntimos. Después hice poemas. No. Creo que fue al revés. Primero fueron los poemas. Recuerdo uno que hablaba del verano. De los ventarrones. De las noches estrelladas y ventosas. Era la gana de capturar el único sentimiento de plenitud que podía lograr: desprenderme de mis padres, de mi casa, de mis conocidos. Sentirme uno entre el cielo y la tierra. Por eso miraba el cielo. Por eso miraba las montañas y los nevados de la cordillera con tanta atención. Después vino la necesidad de escribir historias para que nadie las leyera. Pero alguien las leyó. Eso fue el comienzo....
El cuento luego de esta frase toma un giro ... es bueno .. bueno de hecho todavia no termino de leerlo .. por lo menos ya sé que de hecho hay una ciudad de cristal involucrada.. Abdón Ubidia es muy bueno para describir ... espero poder aprender algo de él...